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¿Por qué trabajamos?

¿Cuál es nuestra motivación en el trabajo? ¿Nos movemos hoy en día por el dinero, por una necesidad de atención y elogios o por algo que importe más? ¿Qué nos impulsa a trabajar y a hacerlo bien?

 

No hay duda que la remuneración económica y el deseo de un ascenso son dos de los factores de motivación más importantes, ¿pero serán los únicos? ¿serán los más importantes?  No lo creo, cada vez hay más indicios de que nos sentimos impulsados por otros, como la obtención de un mejor “salario mental” (salario relacionado con la calidad de vida) o más importante aún, por algo más interno, por nuestro deseo de hacer las cosas bien, ya sea por una motivación espiritual o de superación de la propia persona.

 

Comprender qué nos impulsa a trabajar puede ayudarnos a enfocar lo que realmente vale la pena, a sobrepasar mejor etapas en las que uno siente que todo le sale mal, o que está aburrido del trabajo, o que su relación con el resto de empleados es mala, ya que sabe que lo que hace tiene un valor que va más allá de su sueldo, o de quedar bien con su jefe, es un reto personal que tiene una motivación propia.

 

El sólo hecho de tener esa motivación personal, hace que uno trabaje mejor, con más empeño, más dedicación y eso muchas veces marca la diferencia de un trabajador bueno con uno excelente. Ya hemos dicho en anteriores artículos que sólo triunfan los que dan todo lo que llevan dentro, y dar eso implica que uno tenga un sólido compromiso con su trabajo y tenga un orden de prioridades que le ayude a valorar y priorizar lo que es más importante.

 

Un gran ejemplo fue Konosuke Matsushita, fundador de Panasonic. Su cuñado, Toshio Lue, dijo de él: “No pienso que Matsushita fuera una persona brillante o un hombre de gran talento. Sin embargo su celo y dedicación por el trabajo eran excepcionalmente elevados” . Seguramente muchos “gurús” hubiesen dicho que Matsushita triunfó por tener un coeficiente intelectual sobresaliente, y una visión espectacular,  pero su cuñado, que lo conocía perfectamente, eligió algo tan lejos de ello como el compromiso y la dedicación por hacer las cosas bien hechas.

 

Anne Sullivan decía de Helen Keller, aquella mujer ciega y sorda que logró desarollar muchas cualidades de manera impresionante: “No veo en Hellen el intelecto de un genio, ni una gran originalidad, ni un poder especial para la creatividad. Ella escribe bien, no por virtud de un talento natural, sino gracias a una revisión y un trabajo escrupuloso, a un modo de pensar concienzudo y paciente, gracias a una atención diligente y abierta a la crítica de sus maestros. El secreto de su avance es el trabajo y el compromiso”. Hellen no era ninguna tonta, era una persona inteligente, despierta, sin embargo, vemos como al igual que Matsushita, lo que más se destaca de ellos es el afán por hacer un trabajo a conciencia, y eso sólo se logra si hay ganas de querer hacer las cosas bien, y esas ganas sólo las tiene quien le da una motivación adicional a su trabajo.

 

Santiago Alvarez, gran pensador, decía que si no hay esfuerzo en el trabajo, si se elude todo vestigio de esfuerzo y sudor, difícilmente la paz nos anuncia su llegada. Y si finalmente lo hace, su vuelo será como el de una cometa ligera y caprichosa que viaja errática. En un mundo donde muchos se mueren de hambre, otros no encuentran un trabajo digno, es improbable pensar que en ese oasis de carencias y sinsabores, el vago encuentre su acomodo. El coraje y el optimismo son primos hermanos de la paciencia, ésta no  nace por generación espontánea. A primera vista, fiable y testaruda, la dejas solita sin el escudo del optimismo como decisión y el coraje como actitud, y hasta ella se marchita y apaga como una vela.

 

Decía también que quizá el truco está en no mirar los acontecimientos que nos pasan con impaciencia, no medir los proyectos ni los trabajos en términos de semanas e incluso de días. A la vida hay que darle una oportunidad, con visiones cortoplacistas y guiños nerviosos no se deja seducir, no acaba de mostrar su mejor cara.

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Valor agregado

Tengo una amiga que tiene por norma en su vida estudiar algo todos los años, desde una maestría hasta un curso de dos meses de Excel. “Si no, ¿cómo me actualizo?”, me dice, y tiene razón.

Y es que, en el plano laboral, hay pequeñas cosas que, en su momento, pueden marcar la diferencia. Imagina, por ejemplo, que llega a tu oficina un documento de un cliente escrito por completo en inglés, y nadie más que tú lo puede leer; o que hay que enviar una propuesta que requiere ciertos conocimientos de diagramación, y solo tú llevaste un curso libre de Quark en la universidad.

Ese “valor agregado” que tienes, puede marcar la diferencia en tu centro de trabajo, al momento de decidir ascensos, aumentos de sueldo o selección para asumir nuevos retos o recibir capacitación.

Por otro lado, ese “valor agregado” puede también marcar la diferencia en una selección laboral, siempre y cuando te encargues de hacerlo saber, tanto en la entrevista de trabajo como en el CV, de una manera sutil, pero firme. No se trata, tampoco, de dormir al entrevistador enumerando una serie de talleres y seminarios, ni colaborar con la deforestación de la selva escribiendo páginas de páginas de cursos en el CV, se trata de dejar claro que tú no eres uno más, se trata de dejar huella.

En la entrevista, por ejemplo, si bien tu objetivo principal debe ser demostrar que tienes las cualidades necesarias para el puesto, no está demás comentar otras virtudes tuyas (“manejo muy bien los programas X, Y y Z. Siempre me ha interesado la informática y por eso me he ido formando en eso”)  o algunos cursos interesantes que hayas llevado (“ya que me pregunta por cosas que haya aprendido últimamente, le comentaré que en el último taller sobre globalización al que asistí en Costa Rica, hubo una ponencia sobre…”).

Lo mismo en el CV: selecciona bien los “valores agregados” que quieras resaltar y asegúrate de llamar la atención del lector en la explicación que das del curso o capacitación que has recibido. Piensa primero cómo le explicarías a otra persona qué fue lo más importante que aprendiste y, en base a eso, redáctalo.

Y si no tienes aún esa sana costumbre de la capacitación, comienza a buscar tu valor agregado, ¡nunca es tarde para empezar!

¿A quién te refieres?

 

Mi amigo Juan está buscando trabajo. Como ha estado bastante tiempo en una empresa del sector financiero, tuvo la suerte de que le presentaran hace poco a un conocido analista independiente y le pidió reunirse con él como parte de su estrategia de búsqueda.

Se encontraron en un café y conversaron sobre las tasas de interés, el boom de los préstamos personales y un par de temas más. Finalmente, una vez que se había asegurado de demostrarle cuánto conocía del sector y que era una persona de ideas innovadoras, comenzó a contarle un poco de su carrera profesional y le entregó una tarjeta diciéndole “si sabes de alguna empresa que requiera a alguien con mi perfil, no dudes en llamarme”.

Todo bien. Juan salió esperanzado de su reunión, llegó a su casa, prendió su computadora y actualizó su currículum, incluyendo entre sus referencias al mencionado analista. “Le va a dar más prestigio”, pensó, y no le faltaba razón.

Lo que no pensó es que semanas después, una persona de recursos humanos de una empresa estaría llamando al conocido analista a preguntarle por Juan. “¿Juan?, no, no lo conozc… ah!, espere, sí, ya recuerdo”, respondió, “me pareció una persona bastante enterada, pero la verdad es que nunca he trabajado con él, no podría darle mayores detalles”. 

¿Qué ganó realmente Juan poniendo el nombre de un importante analista?, ¿fue, realmente, un punto a favor?

 

Las referencias que colocas en tu currículum tienen que ser pensadas con bastante detenimiento, no es un área para rellenar. Incluso, en algunos procesos, es vital la opinión que exprese la persona que pusiste como referencia de ti.

Entonces, ¿a quién poner?.

Lo primero: tienen que ser personas que te hayan visto trabajar, y que puedan dar fe de cómo eres en el plano laboral y, de preferencia, que haya sido jefe tuyo, directa o indirectamente. Algunas personas cometen el error de colocar a un familiar como referencia o a un amigo. Esto da una mala impresión, pues el entrevistador puede creer que no hay ninguna persona en el plano laboral que pueda hablar bien de tu trabajo. Otros, como Juan, cometen el otro error de querer impresionar con las referencias y colocan al gerente general de la empresa, al cual con las justas vieron en un par de reuniones. Ahora, si es tu primer trabajo, lo más aconsejable es colocar como referencia a algún profesor tuyo que conozca tus aptitudes, o, en caso de que hayas hecho prácticas, a la persona encargada de ti.

Lo segundo: tiene que ser alguien que tú sepas que tiene una buena impresión de tu trabajo. Si saliste de un puesto porque tu jefe creía que te la pasabas todo el día viendo videos en You Tube, entonces no lo pongas como referencia, es mejor buscar otra persona, aunque no haya sido tu jefe directo, que conozca tus habilidades laborales. En ese sentido, es importante generar lazos en el trabajo en el que estés y siempre intentar que tengan el mejor concepto de ti.

Lo tercero: Si has pasado por varios trabajos, trata de poner una referencia de cada uno, de esa manera te asegurarás que el entrevistador sepa que tu conducta es constante y confirmará las virtudes que han mencionado las otras referencias.

Ponte en sus zapatos!

“Hubo un entrevistado que cuando le pedí que me contara sus logros, se puso a enumerar a todos los amigos importantes que tenía: en el gobierno, en las empresas, hasta el mismo presidente del Perú”, me cuenta Frida, una de las consultoras de Laborum, cuando le pregunto sobre la experiencia de estar al otro lado del escritorio.   

Y es que, una vez que tu Currículum consiguió entrar al vasto mundo de las bases de datos de las empresas reclutadoras de talento, viene la parte delicada: la entrevista de trabajo. Esta es, realmente, la puerta por la que puedes pasar o no cuando estás a la búsqueda de un puesto y lo que digas o hagas allí es de vital importancia.

Aunque existen innumerables artículos / recetas / listados de lo que se debe y no se debe hacer en una entrevista de trabajo, te recomendamos un ejercicio menos paporrético y más ameno: métete en la cabeza del entrevistador, piensa cómo calificarías tú a tus entrevistados si hicieran tal o cual cosa, ponte en sus zapatos.

 

El soberbio (impaciente)

La entrevistadora se encuentra una cara de cuatro metros cuando se acerca a invitar a pasar a su siguiente entrevistada.

-Dijeron a las 2 en punto, señorita – se queja por los diez minutos de retraso, mientras entra y se sienta.

Cuando comienza a describir las funciones del puesto y las destrezas que se requieren, la entrevistadora es interrumpida.

-Yo quería hablar sobre el sueldo, señorita, porque yo por menos de dos mil, ni hablar.

La entrevistadora pide que la deje terminar con la descripción, pero no tiene mucha suerte.

-Ahora, yo sábados no trabajo, por si acaso, porque yo tengo dos hijos…

Se le explica que el horario es de lunes a viernes, y solo en casos de necesidad se le pedirá ir unas horas los sábados, y ella levanta las cejas. Conforme va avanzando con las preguntas se intercalan en la entrevistada dos gestos: mirar el reloj y golpear el zapato contra el piso.

Finalmente, la entrevistadora le pide que pase a la otra sala para dar unas pruebas y la reacción es inmediata.

-Ah, no, señorita, yo no puedo perder más tiempo. Si quieren, me pueden llamar más adelante para ver cuándo tengo disponibilidad.

La entrevistadora le agradece, y decide retirar el Curriculum de la lista de postulantes.

 

El inseguro

Entra, se sienta y fija la mirada en cualquier otro lugar que no sea los ojos de su entrevistadora.

En tanto, se jala los pellejos de los dedos y se muerde la boca. Mientras va respondiendo a las preguntas –arreglándoselas para elaborar frases de no más de diez palabras en cada respuesta- comienza a sudar, y al rato las gotas comienzan a caerle por la frente.

-Cuéntame un poco de ti, ¿cómo te definirías?

-Bueno – y hace una larga pausa para pensar en su respuesta, pues no se le ocurrió prepararse para una pregunta como esa – tranquila, amiguera… normal – responde, sin conseguir llamar la atención de su entrevistadora.

Más adelante, se le pide que cuente una experiencia difícil de su vida, y, en vez de elegir aquella vez en la que tuvo que sortear dificultades para finalmente salir airoso, o conseguir un aprendizaje importante en su vida, suelta un dramón de final terrible que pinta de cuerpo entero a una persona fatalista.

-Dime tres cualidades tuyas – le pide finalmente la entrevistadora.

-Mmmm… tranquila, amiguera – repite ella.

-Claro, eso ya me lo comentaste.

-Mmmm… – ella se queda pensando, y conforme van pasando los segundos y el silencio se hace más obvio, las lágrimas comienzan a salir por sus ojos. La entrevistadora la calma, le trae un vaso de agua y escribe una pequeña R en el reporte. La entrevista llega a su fin.

 

El bromista confianzudo

-Bueno, bueno, comencemos la entrevista, pero nada de preguntarme cosas que no me gustan, ¿ah?- dice el entrevistado, que supera los 50 años.

La entrevistadora, sin responderle, hace la primera pregunta. Él se recuesta en la silla, cruza la pierna y pone sus brazos encima de su cabeza.

-Sí, en mi trabajo anterior tuve algunos problemitas, pero es que a veces pasa con las personas como yo, que somos impulsivas. Tú pareces de las mías, tienes una mirada fuerte, ¿no?, ¿te han dicho que tienes una mirada fuerte?

Tras explicarle que el tema que los reúne es el entrevistado y no el entrevistador, le consulta sobre el nivel de inglés que maneja.

-UUf… yo he vivido tiempo en los Estados Unidos – dice, refiriéndose a la pasantía de mes y medio que realizó cuando tenía 22 en Miami.

Entonces, la siguiente pregunta de la entrevistadora viene en inglés y la situación se complica. Entre risas y movimientos nerviosos, el entrevistado suelta un par de frases hechas que no responden en lo absoluto a lo consultado.

 

El desordenado

Aunque la entrevista era a la 1 pm, el entrevistado llegó, muy agitado, a la 1:30 pm, balbuceando algo del tráfico. Tenía la camisa afuera del blue jean y en el borde de la chompa una mancha de mostaza. Al pedirle su Curriculum, él saca un par de papeles doblados y se los entrega.

-Bueno, ya por teléfono te comenté un poco sobre las características del puesto y la empresa que está requiriendo personal, dime ¿cuál es tu opinión sobre la empresa?

-¿Sobre la empresa?, no, es que yo no conozco a esa empresa.

-Pero, por ejemplo, ¿sobre sus productos, su imagen?

-No sé, a ver dígame cuáles son sus productos y yo le cuento qué opino.

La entrevistadora anota algo en su libreta y termina la conversación lo más rápido posible.

 

¿Qué valora, entonces, el entrevistador de su entrevistado?, imagina, en base a estos ejemplos y a tu propio criterio, qué buscarías tú en un posible contratado: Interés en el puesto y buena disposición; una persona que conoce sus virtudes y tiene ganas de superarse; alguien que se toma en serio el trabajo y respeta al resto; un trabajador que es capaz de mantener un orden en su vida y en sus costumbres.

Radiografía del profesional exitoso

 ¿Qué más se pide hoy en día? Que el profesional tenga habilidades o competencias y valores. En cuanto a las competencias, las hay de muchos tipos, pero para efectos prácticos las clasificaré en dos, las personales y las sociales. Las personales se refieren a la capacidad de las personas para tomar decisiones, saber negociar, liderazgo y pensamiento estratégico (ver el panorama completo, a mediano y largo plazo). Si no saben que significa cada una de estas cosas, con gusto pueden escribirme comentarios y puedo enviarles artículos o libros relacionados o bien pueden buscar en Google, ya que además todo esto les servirá para su vida personal y familiar, más allá de su vida laboral. En relación a las competencias sociales las más importantes que las empresas piden son el manejo de conflictos, trabajo en equipo e inteligencia emocional. La relación con los demás es muy importante, ya sea con compañeros de trabajo, subordinados o jefes. Muchas veces se tiende a pensar que el jefe tiene que tratar como capataces al equipo que tiene a cargo para imponer respeto. Nada más falso. Un jefe que dice que es el jefe es una mala señal, implica que el liderazgo en ese jefe ya está por los suelos.

 

Por otro lado están también los valores. Deben ser personas íntegras, de una sola pieza.  Que no trabajen por trabajar, sino que ese trabajo trascienda, tenga motivos más allá de ganar dinero. Hicieron una encuesta en España hace poco en la que le preguntaron a los empleados que le pide al trabajo. Y las respuestas más saltantes fueron independencia económica, posibilidad de expresar su talento, y que los deje vivir de Sábado a Domingo. ¿Por qué la gente se ha acostumbrado a eso? Con esa forma de pensar ven al trabajo como un castigo, cuando es el lugar donde pasan la mayor parte de su tiempo, por ende lo más inteligente debiera ser buscar enamorarse del mismo para disfrutar lo que hacen.

 

Dejaré que esta pregunta sobre como es el profesional exitoso de hoy en día la conteste también Santiago Álvarez de Mon, uno de los principales profesores IESE de España, actualmente considerada como una de las tres escuelas de negocios más prestigiosas del mundo, en una reciente entrevista que le hicieron.

 

“El profesional exitoso debe ser un experto en el tema que maneja, tener capacidad de expresión, ser una persona íntegra, honesta, con carácter, que sea capaz de gestionar la impopularidad de decisiones correctas pero a veces difíciles de tomar. Si no lo es, le hace la vida bastante miserable a los que le soportan y trabajan con él todo el día.  Apasionados por su trabajo y que pasen la página del éxito con rapidez.

 

Con 2 o 3 ideas muy claras, los cimientos morales son intocables, con raíces familiares muy fuertes, aunque también los hay quienes vienen de familias rotas pero hicieron ganancia, la adversidad la mudaron en abundancia.

 

Uno de los valores principales que debe tener es la humildad. Es un valor que maneja bien el error y maneja bien el éxito. La humildad está educada en el aprendizaje. Te abre la mente. Estas personas cuando se han equivocado alzan el vuelo y siguen caminando. Y cuando parece que les van bien las cosas no se lo creen demasiado. (El torpe es el que cree que nunca se equivoca. El inteligente es el que se da cuenta cuando se equivoca, pero más inteligente cuando lo corrige, y más aun cuando pide disculpas.)

 

Otro es la constancia, la gente grande llega muy lejos porque no sólo está en “el aquí” y “el ahora”. Están pacientemente dando pasos firmes en la dirección correcta. Además es gente curiosa, y quiere rodearse de gente de talento a su alrededor. No se “comparan con”, sino que “quieren aprender de”.

 

Quieren gente brillante a su lado. Y es gente optimista, cuando tienen muchos motivos para ser pesimistas. Eligen el optimismo como mirada vital, justa. Y tienen sentido del humor. Creo que esto es un corolario natural de ser humilde. En lugar de tomárselo a la tremenda, tienen el humor como filtro para vivir. El humor realmente te salva de la depresión. No sólo es gente que cuenta chistes, sino que se ríen de sí mismos. Cobran distancia y perspectivas frente a sí mismos y deciden armar una relación comprensiva, amable con ellos mismos y para ello se requiere del humor. Una vez que te conoces, o te deprimes o te ríes.

 

El sentido del humor es el que te permite manejar el poder y no quedar pegado en sus telarañas, porque liderazgo no es sinónimo de poder. El lenguaje es muy rico, y no porque una persona ocupe el puesto de consejero delegado, de director general o de presidente tiene liderazgo. Tiene el poder, el estatus, pero no la credibilidad, la influencia, el “plus” de influencia del liderazgo. Otras personas tienen liderazgo pero a lo mejor precisamente por tenerlo no lo ven reconocido por cuotas de poder. ¿Cuánto poder tuvo Gandhi, en algunos pasajes de su vida? ¿Cuánto poder tuvo Mandela en la cárcel, aunque luego fuera pesidente de Sudáfrica? ¿Cuánto poder tenía Lincoln? Iba recogiendo errores tras errores, fracaso ras fracaso hasta llegar a la presidencia.

 

Toda esta gente son curiosamente seres sociales, solidarios y expansivos pero que manejan muy bien su soledad. El liderazgo tiene que ver con gente que se rodea de gente competente, influye sobre sus colaboradores pero también sabe estar en soledad. El drama del hombre moderno es que no sabe estar solo.

 

Con respecto al humor, si el liderazgo es un proceso de transformación, de liberar la energía y el talento de los seres humanos a los que se dirige, sí tiene que ver con institucionalizar los procesos de aprendizaje; dada nuestra condición humana, nuestra fragilidad y vulnerabilidad, siempre habrá errores. ¿Cómo manejo el error, para que sea una fuente de aprendizaje? El humor es el que te evita caer en la desesperanza, el que te evita deprimirte, el humor es el que te permite no dimitir. Creo que el liderazgo es un encargo universal que nos afecta a todos. El liderazgo es también el liderazgo de un ama de casa modesta, el liderazgo de un maestro que te hace perder el miedo a las matemáticas, el liderazgo de un médico en su consulta, que no sale en los periódicos pero que son ejercicios de influencia sobre el ser humano. Si yo fuera el directivo de una empresa, lo que me agradaría hacer es asimilarme al jardinero en un ambiente donde las plantas puedan crecer, y donde ellas crecen si tú les dejas.

 

Por último, un buen profesional es aquel que no está acostumbrado y centrado en el winner y el loser. Hoy puedo ser campeón, soy winner y mi ego engorda, pero mañana soy loser y me deprimo. Pero esto no es así, el concepto de éxito tiene que basarse en algo más profundo, en algo más sólido. ¿Quién define el éxito? Si lo define tu lugar en el campeonato te vas a ir a la infamia o a la depresión. Pero si soy yo quien define el éxito, seré ganador siempre. Yo he visto a mi hijo ganar partidos de tenis y le he dicho “Hoy has ganado, pero has jugado al tenis sin disfrutar” Y ha habido veces que se me ha caído la baba y realmente ha ganado el partido. Y él me dice “papá, pero si he perdido” Y yo le respondo “¿Te lo has pasado bien? ¿Has jugado tu mejor tenis, has aprendido? ¡Pues has ganado!”. El partido importante es el que se juega dentro. No estoy diciendo que no seamos ambiciosos y que no queramos ganar el partido, pero es que hay muchos partidos que sólo se pueden ganar con los demás, no contra los demás.”

Recomendaciones para una entrevista de trabajo

Te recomendamos lo siguiente para tener un buen desempeño en tu entrevista:

1. Habla de manera clara y precisa

Es muy importante prepararte y recordar los aspectos mas relevantes de tu trayectoria profesional.  Debes conocer perfectamente las fechas exactas en las que trabajaste en tus diferentes empleos, así como ser capaz de describir cuales eran tus principales funciones y a quien reportabas directamente. 
 
Recuerda también ser claro y breve con tus respuestas, sobretodo cuando te pregunten por qué te separaste de esa empresa, si fue por liquidación o causas personales etc. A un entrevistador no le va a llamar la atención que hayas sido despedido de tu anterior trabajo, pero sí que no sepas por qué te echaron o que no puedas contarloSi estas preparado con esta información y expresas con sinceridad pero de manera clara y precisa podrás actuar con seguridad y evitarás caer en contradicciones que generan confusión.

2. Contesta sólo lo que se te pregunta Muchas veces, al contestar una pregunta durante la entrevista, queremos ampliar la idea con diferentes comentarios que no vienen al caso y que confunden al entrevistador. Siempre se debe pensar antes de contestar, y al momento de responder, ser breve y contestar únicamente lo que se te pregunta. El tiempo de la entrevista es limitado y debes aprovecharlo al máximo.3. Investiga acerca de la empresa / rubro.

Antes de asistir a una entrevista, infórmate acerca del giro y las funciones generales del puesto al que postulas.  Para sentirte seguro al momento de la entrevista, es fundamental ejecutar una investigación profunda acerca de la empresa y el empleo que solicitas. De esa forma tu respuesta a preguntas relacionadas con el puesto serán muy precisas e impresionantes para el reclutador.
  

4. Tranquilízate y contrólate Durante una entrevista respira despacio, mantén tus pies pegados al piso y siéntate cómodamente en la silla. Esto te calmará y relajará tus nervios; además te recomendamos preguntes algo a tu entrevistador, acerca del proceso, la empresa o el puesto, de manera que mientras te da la explicación tu podrás calmarte. 4. Tranquilízate y contrólate Durante una entrevista respira despacio, mantén tus pies pegados al piso y siéntate cómodamente en la silla. Esto te calmará y relajará tus nervios; además te recomendamos preguntes algo a tu entrevistador, acerca del proceso, la empresa o el puesto, de manera que mientras te da la explicación tu podrás calmarte.

CONSEJOS UTILES   Espera las preguntas del entrevistador y responde puntualmente lo que se te pregunta.·         Primero escucha; luego expón tus dudas sobre horario, condiciones laborales, salarios y beneficios. No hay que entorpecer la entrevista con interrupciones permanentes; primero hay que escuchar y después interrogar.·         Cuando hables, mira al entrevistador a la cara.·         No adoptes poses o actitudes “actuadas”. Debes ser natural y espontáneo sin ser irrespetuoso.·        

 

4. Tranquilízate y contrólate Durante una entrevista respira despacio, mantén tus pies pegados al piso y siéntate cómodamente en la silla. Esto te calmará y relajará tus nervios; además te recomendamos preguntes algo a tu entrevistador, acerca del proceso, la empresa o el puesto, de manera que mientras te da la explicación tu podrás calmarte.

 

No contestes con monosílabos; se explícito y da detalles.·        

Practica en tu casa las respuestas a las preguntas que seguramente te harán: dónde trabajaste, por qué abandonaste la empresa, qué tipo de trabajo te gustaría desempeñar.