Ponte en sus zapatos!

“Hubo un entrevistado que cuando le pedí que me contara sus logros, se puso a enumerar a todos los amigos importantes que tenía: en el gobierno, en las empresas, hasta el mismo presidente del Perú”, me cuenta Frida, una de las consultoras de Laborum, cuando le pregunto sobre la experiencia de estar al otro lado del escritorio.   

Y es que, una vez que tu Currículum consiguió entrar al vasto mundo de las bases de datos de las empresas reclutadoras de talento, viene la parte delicada: la entrevista de trabajo. Esta es, realmente, la puerta por la que puedes pasar o no cuando estás a la búsqueda de un puesto y lo que digas o hagas allí es de vital importancia.

Aunque existen innumerables artículos / recetas / listados de lo que se debe y no se debe hacer en una entrevista de trabajo, te recomendamos un ejercicio menos paporrético y más ameno: métete en la cabeza del entrevistador, piensa cómo calificarías tú a tus entrevistados si hicieran tal o cual cosa, ponte en sus zapatos.

 

El soberbio (impaciente)

La entrevistadora se encuentra una cara de cuatro metros cuando se acerca a invitar a pasar a su siguiente entrevistada.

-Dijeron a las 2 en punto, señorita – se queja por los diez minutos de retraso, mientras entra y se sienta.

Cuando comienza a describir las funciones del puesto y las destrezas que se requieren, la entrevistadora es interrumpida.

-Yo quería hablar sobre el sueldo, señorita, porque yo por menos de dos mil, ni hablar.

La entrevistadora pide que la deje terminar con la descripción, pero no tiene mucha suerte.

-Ahora, yo sábados no trabajo, por si acaso, porque yo tengo dos hijos…

Se le explica que el horario es de lunes a viernes, y solo en casos de necesidad se le pedirá ir unas horas los sábados, y ella levanta las cejas. Conforme va avanzando con las preguntas se intercalan en la entrevistada dos gestos: mirar el reloj y golpear el zapato contra el piso.

Finalmente, la entrevistadora le pide que pase a la otra sala para dar unas pruebas y la reacción es inmediata.

-Ah, no, señorita, yo no puedo perder más tiempo. Si quieren, me pueden llamar más adelante para ver cuándo tengo disponibilidad.

La entrevistadora le agradece, y decide retirar el Curriculum de la lista de postulantes.

 

El inseguro

Entra, se sienta y fija la mirada en cualquier otro lugar que no sea los ojos de su entrevistadora.

En tanto, se jala los pellejos de los dedos y se muerde la boca. Mientras va respondiendo a las preguntas –arreglándoselas para elaborar frases de no más de diez palabras en cada respuesta- comienza a sudar, y al rato las gotas comienzan a caerle por la frente.

-Cuéntame un poco de ti, ¿cómo te definirías?

-Bueno – y hace una larga pausa para pensar en su respuesta, pues no se le ocurrió prepararse para una pregunta como esa – tranquila, amiguera… normal – responde, sin conseguir llamar la atención de su entrevistadora.

Más adelante, se le pide que cuente una experiencia difícil de su vida, y, en vez de elegir aquella vez en la que tuvo que sortear dificultades para finalmente salir airoso, o conseguir un aprendizaje importante en su vida, suelta un dramón de final terrible que pinta de cuerpo entero a una persona fatalista.

-Dime tres cualidades tuyas – le pide finalmente la entrevistadora.

-Mmmm… tranquila, amiguera – repite ella.

-Claro, eso ya me lo comentaste.

-Mmmm… – ella se queda pensando, y conforme van pasando los segundos y el silencio se hace más obvio, las lágrimas comienzan a salir por sus ojos. La entrevistadora la calma, le trae un vaso de agua y escribe una pequeña R en el reporte. La entrevista llega a su fin.

 

El bromista confianzudo

-Bueno, bueno, comencemos la entrevista, pero nada de preguntarme cosas que no me gustan, ¿ah?- dice el entrevistado, que supera los 50 años.

La entrevistadora, sin responderle, hace la primera pregunta. Él se recuesta en la silla, cruza la pierna y pone sus brazos encima de su cabeza.

-Sí, en mi trabajo anterior tuve algunos problemitas, pero es que a veces pasa con las personas como yo, que somos impulsivas. Tú pareces de las mías, tienes una mirada fuerte, ¿no?, ¿te han dicho que tienes una mirada fuerte?

Tras explicarle que el tema que los reúne es el entrevistado y no el entrevistador, le consulta sobre el nivel de inglés que maneja.

-UUf… yo he vivido tiempo en los Estados Unidos – dice, refiriéndose a la pasantía de mes y medio que realizó cuando tenía 22 en Miami.

Entonces, la siguiente pregunta de la entrevistadora viene en inglés y la situación se complica. Entre risas y movimientos nerviosos, el entrevistado suelta un par de frases hechas que no responden en lo absoluto a lo consultado.

 

El desordenado

Aunque la entrevista era a la 1 pm, el entrevistado llegó, muy agitado, a la 1:30 pm, balbuceando algo del tráfico. Tenía la camisa afuera del blue jean y en el borde de la chompa una mancha de mostaza. Al pedirle su Curriculum, él saca un par de papeles doblados y se los entrega.

-Bueno, ya por teléfono te comenté un poco sobre las características del puesto y la empresa que está requiriendo personal, dime ¿cuál es tu opinión sobre la empresa?

-¿Sobre la empresa?, no, es que yo no conozco a esa empresa.

-Pero, por ejemplo, ¿sobre sus productos, su imagen?

-No sé, a ver dígame cuáles son sus productos y yo le cuento qué opino.

La entrevistadora anota algo en su libreta y termina la conversación lo más rápido posible.

 

¿Qué valora, entonces, el entrevistador de su entrevistado?, imagina, en base a estos ejemplos y a tu propio criterio, qué buscarías tú en un posible contratado: Interés en el puesto y buena disposición; una persona que conoce sus virtudes y tiene ganas de superarse; alguien que se toma en serio el trabajo y respeta al resto; un trabajador que es capaz de mantener un orden en su vida y en sus costumbres.

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Una respuesta a “Ponte en sus zapatos!

  1. en realidad esta información ayuda mucho, la tomare en cuenta.

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